dos traducciones de una pieza teatral


I
 
la voz de los huesos
se queja como siempre 
de lo que no funciona

como no encuentra una situación
continúa con el cuento 
de la realidad

un concepto:
una línea en espiral
en el culo de una botella

regar con aire 
y voces
los campos de aparatos 

un títere mexicano 
intenta escribir un libro
pero pierde la vida

cada movimiento
es un juego 
de la máquina que danza

la armada 
la capilla 
los piratas
continuar el cuento
es salir a bailar 
el vals
un grupo conversa 
alguien confía 
otros disparan


un pájaro se sienta a mi lado
la gente en silencio sigue de largo  
y se deleita con las bocinas 

una calle viene lenta
atravesando el valle,
nadie la detiene



II

tal vez
en algún 
lado

es la rampa
un regalo 
de la voz

aquí se queda la piedra,
en el cañón angosto
donde vuelan las manos

él oye su vida
su vida extraña
el ruido de la piel

los huesos, 
por así decirlo, 
escriben su texto funcional

por ejemplo,
una buena situación 
de mitología vacía

el óptico de Nüremberg
olvida su botella
en la máquina parlante

no hay mejor máquina 
que la herramienta intelectual
de carácter olímpico

cada movimiento
es un rezo de la máquina que canta, 
una patente sinuosa

en diciembre hablaron por primera vez
a través de un telégrafo
olvidado en el hotel

la Armada Naval,
los primeros piratas
de la historia

ahí está la Rueda de la Visión
ahí está la Torre de Televisión
ahí está el viejo Franz

ahí está el árbol flotando en el río
ahí está el candado del Casino
ahí están los pantalones de piedra

un edificio sin ventanas
una luz vieja sobre la Torre
un comerciante de Düsseldorf


 
yapeyú

es cuestión de dejar la conga en el rincón
para que pegue un salto
y quede parche abajo

nos miramos entre los tres
y sin decir una palabra
olvidamos el asunto para siempre




Bolero

Como bien sabemos,
no hay un posible superior,
un más allá del más acá.

No olvidamos 
a esos perros durmiendo
en la estación de policía.


Pedaleando de madrugada
por montañas de cadáveres.

A la luz del plancton
barrenando el fin del inframundo.

Superior, superlativo, superfluo:
degradación del verso 
a grano molecular, 
a granero del culo,
granjero del átomo.




the cheekybitter

estábamos sentados ahí
frente al museo textil
con las adorables niñas espías  
cuando cruzó un tipo extraño
con la cara más blanca y las ropas más oscuras
que hayamos visto en nuestras vidas

vino hasta nosotros con una sonrisa estúpida
y nos habló de la casa del terror,
un lugar olvidado, no muy lejos de allí,
con una decena de sombras esperando para despertar

y agregó algo aún más extraño,
algo acerca de un hombre que muerde mejillas:

“the cheekybitter!”

escondido detrás de los árboles
esperando el paso de jóvenes inocentes
con una dentadura afilada:

“the cheekybitter!”

no es tan raro
si lo piensas dos veces

no es tan raro
aquí donde la gente 
esconde sus caras
detrás de cortinas oscuras
y el viento sopla al revés




Casa de Polonia al frente de la Embajada

Estamos parados
justo frente a la Embajada.

Hábiles de pies, maniatados de manos,
nos la ingeniamos para bucear en la mezcladora.

(a coro)
 “Cal viva, ladrillos muertos.”
“Cal viva, ladrillos muertos.”

Y se larga la construcción.
Los más hábiles improvisan bolas de barro.
Los más torpes diseñan planos de vanguardia.
Las chicas cocinan salsas de varios colores:

(a coro)
"¡Pero de un sólo sabor!"

El dueño de la Embajada
sale al sol con sus cuernos.

(a coro)
“¡Caracol!”
“¡Caracol!”

Y todos bailamos, reímos y nos embriagamos al unísono.

(a coro)
"¡Como buenos polacos!"



 
en la colonia

por volver atrás en el tiempo
y pensar el dolor desde las estrellas
corro como un chivato
hasta los límites mismos de la sombra
y me zambullo en una zanja

se abre un tercer ojo
bajo la rodilla izquierda

la sangre inunda las conciencias
y alrededor bailan los fantasmas
de todos esos niños cagados a palos
por la puta patria
por la grandísima puta patria

por los dioses
por las armas
por la gloria
por el bienestar y el progreso




el otoño

1)

la quintaescena
donde toca
otra temporada de silencio

trabajo viejo
sobre el do desafinado

sólo se escuchan voces en el pasillo

:

sensiblidad para todos los géneros

la semilla crece desbordando la autopista

ese conejo lo hice cuando iba al kindergarten

y todavía no fumaba बीड़ी

 - - - - - -

upload

:

el mart

&

¡ese piano desafina!

tururururuuu
tururururuuu
tururururuuu

meta, meta
meta ceros y unos


2)

la luna llena sobre berlin

3)

"estuve conversando con los curadores de la haus der kultur der welt y se mostraron interesados en exponer el proyecto paraguayo en el sótano del garage, ahí donde almacenan las momias del universo y donde, dicen, duermen varias generaciones de ordenanzas, pero mis socios dicen que es mejor esperar a febrero del 2016, cuando el nuevo ciclo tenga poco más de un mes de vida y haya espacio disponible para sentidos como éste en el que venimos trabajando"

4)

l.u. nos avispa
que a la rda le podemos decir "rada"
 

orientales y sintagmáticos, todos decimos yeah


5)

aquel proyector de diapositivas

sabía lo que hacía

sobre los reyes del abismo




mitfahrgelegenheiten

con serenidad de caracol torturado
avanzamos por una autopista atascada:
desde el pasacaset 
nos tortura un songwriter
como si fuésemos la mascota
de aquel niño perfecto y pulcro
cuyo monstruoso secreto
consiste en un caracol atrapado en una caja
al que visita todos los días
con paciencia y herramientas de costurero

el público bate palmas,
balbucea estribillos a los gritos,
celebra el tormento del caracol




el circo

en la carpa se elevan 
unos muslos de piedra
que hacen bailar el trapecio
haciéndonos creer que somos todos lobos
esta tarde vi como una gaviota
se arrojaba pico en punta a la espuma de la orilla

y capturaba una rama

que soltaba algunos segundos más tarde en el agua
como un misil de madera húmeda

pero eso
no logra que se vayan
esos muslos 
de la memoria
que se balancea
siguiendo el péndulo 
en la altura




canción aullada
 
mientras se caiga el mundo
yo seguiré tocando
seguiré tocando

y si no tengo guitarra

seguiré tocando



habrá por ahí un piano,

tal vez unas castañetas


un micrófono,
un armonio
un ronrocóóóó

y seguiré tocando
y seguirás sentiendo
que ya vas entendiendo
que nos está pasando
esto que fuimos antes

que ahora somos entes
de otras dimensiones
y no tenemos misterios
tampoco vocaciones

tanto menos vacaciones
pues el tiempo es uno
y navegando vamos
sin entender de cuotas

viviiiiimos
por ahora
y siempré 
querrééeémos 
bailáár
 




24 D

Mi amigo me cuenta que mi ex mujer lo besó.

Sucedió en la puerta de su casa,

en un rincón que aún lleva sus sombras.

En lugar de escupirlo a la cara

o reventarle el hígado de un disparo

lo abrazo y me voy hacia el neuropsiquiátrico.
Concurro cada tanto a un taller de teatro.

Esta noche es nochebuena.
Los locos que usan calendario
llevaron pan dulce y cocacola.
Los médicos exhortan al brindis:
“¡Felicidades!”

Y el tipo que dirige el taller propone un juego.
“Uno de ustedes será Santa Claus.
Otros dos, gnomos a su cargo.
Dos harán de renos jubilados
y una de las chicas
será una niña que descubre al equipo pascual
antes de zarpar hacia la felicidad de los pueblos.”

Elijo ser Santa Claus:
quiero obsequiarles a él y ella ganchos de carnicero.

El coordinador se sorprende,
nunca elijo nada en el taller.
Supongo que ya se dio cuenta
de que llegué aquí por otro motivo,
como trabajador comunitario de la Cultura.

Pero me quedé.
Tal vez no supe encontrar la salida,
o me dejé seducir
por el morbo de atravesar la estación de trenes
los viernes por la mañana,
cruzar el barrio de los inmigrantes con aura divina
y entrar luego al hospital mirando de reojo a los locos
pensando:
“Cuánto desamparo, cuánta soledad.
Por suerte no soy como ellos.”

El resto de los participantes
adopta los roles restantes.
La chica comienza el juego.
Tiene unos 28 años, es psiquiatra.
Participa esta mañana del taller porque está de guardia.
Y porque no le gusta aburrirse en Navidad.
Dice, con infantil sorpresa_
“¡Santa! ¡Pensé que eras un mito!”

Y, como hoy me toca elegir,
elijo el silencio.
Santa Claus se convierte entonces en un tótem anestesiado.

Uno de los que hace de reno jubilado
advierte mi mutismo
y sale al cruce de la intrusa.
“¡Niña! ¿Cómo has llegado hasta aquí?
¿Cómo es que no te perturbas al mirar a San Nicolás a los ojos?”
Y ella:
“Es que sus ojos me enseñaron el secreto del frío y la soledad.
Los vi cuando era aún más niña
y su recuerdo entre sueños
me cobija por las noches
mientras mi corazón aprende a endurecerse.”
Con una voz que parece provenir de una salamanca,
uno de los locos que tomó el papel de gnomo
interrumpe su hipnosis.
“Súmate entonces a nuestra tarea.
Hay mucho por empacar:
la noche es tan larga como varias vidas
y el tiempo y el espacio ya comienzan a desdoblarse.”

Todos me miran.
Se supone que Santa tiene que arrojar un veredicto.
Una máxima.
“Feliz navidad”, digo, mientras acaricio una barba imaginaria.

Salgo de la sala y voy hacia la estación.
Tomo un tren hacia Ninguna Parte,
mientras viene la noche y los vagones se vacían.
Algún rato más tarde,
la parentela comienza a llegar a las casas,
a comer,
a festejar,
a conversar y brindar,
brindar por el Niño Dios,
a mirar
de reojo
los paquetes
que esperan
debajo
del árbol
de plástico.




mboo


ya tenia lista la mierda,
la tierra y las cajas
para hacer buena base

descarga de un camión de piedras,
limpieza general,
fletes y acarreos

donde se almacenan
especies
de distintos orígenes

cilantro, rúcula,
rábanos, almeirao,
lechuga, albahaca,
mostaza

se sigue
al rigor de la Ciencia
o se adapta el paso
al azar

donde montar
la estación experimental,
lejos de las ranas,
las carpas y los fogones sin fuego

un malón de hormigas coloradas
devorando el cajón de los rábanos,
una lombriz se retuerce en espiral
cuando es devorada por la horda asesina

mucho más
no se puede esperar
de nuestra Historia